QUÉ DICE UNO
¿QUÉ DICE UNO ENSEGUIDA?
En su libro, vendido por millones de ejemplares a través del mundo, “Cómo
hacer amigos”, Dale Carnegie enuncia seis modos de ganar la simpatía de las
gentes. Se las cito textualmente.
Regla 1. Interésese usted, sinceramente en los otros.
Regla 2. Sonría.
Regla 3. Recuerde que el nombre de un ser humano, es para él la palabra más
dulce y más importante de todo el vocabulario.
Regla 4. Sepa escuchar. Convoque a los otros a hablar de ellos mismos.
Regla 5. Hable a su interlocutor de lo que él ama.
Regla 6. Haga que su interlocutor, sienta, sinceramente, su importancia.
Estas reglas valen tanto para ganar la simpatía de los hombres como de las
mujeres. Ahora bien, ¿qué debe hacer, una vez que ha establecido contacto
con una mujer? Simplemente gánese su simpatía.
Conquistar es esto:
Ganar la simpatía.
Relea las seis reglas que ha establecido Dale Carnegie, (le recomiendo además la lectura de su obra). Estas reglas son más profundas de lo que uno cree a primera vista. Además, por paradójico que parezca, si usted quiere saber lo que le gusta a una mujer, obsérvese,
pregúntese lo que a usted le gusta.
Las personas que de su entorno han sabido ganar su simpatía, ¿Quiénes son?
¿Son acaso los que no hablan más que de ellos mismos, que no se interesan
en usted, que no le regalan su sonrisa, que no escuchan nunca lo que usted
habla o que le hacen sentir que usted es un sin importancia? Evidentemente no.
Éstos, por demás son muy raros. Las personas que aplican estos principios en
su entorno se tornan rápidamente populares. Las gentes se sienten atraídas por
ellos como por un amante. El funcionamiento de base de las mujeres se parece
mucho al de los hombres.
La magia del deseo
Se puede decir de una manera general, es decir sin tener en cuenta las
inevitables excepciones, que no son, necesariamente, los hombres más bellos,
lo que tienen éxito cerca de las mujeres sino los que más las aman, aquellos
que realmente las desean. Las mujeres adoran ser deseadas, amadas, más
que ser reducidas, por ejemplo, a ser una belleza para contemplar, sin que
interés alguno en ellas haya. Por mi parte, puedo decir sin pretensión alguna,
como una simple observación, casi clínica sobre el efecto del deseo, que casi
siempre logro seducir a las mujeres a las que realmente deseo. A las que
ardiente, violentamente deseo. Sin no obstante mostrárselos, por supuesto. En revancha, experimento mayor número de fracasos con aquellas que no me
inspiran más que un tierno deseo. Todo pasa como si el deseo de la mujer
respondiera exactamente a aquel que usted proyecta sobre ella. Es sin duda el
equivalente de la ley de causalidad. Acción igual reacción. Por mi parte, resolví
no dirigirme más que a las mujeres que realmente me gustan. Sinceramente, al
ser, con ellas, mi deseo; más vivo; los cumplidos son más sinceros y entonces
más convincentes. Mi elocuencia es, en suma, más natural.
Observé que me gustaba sobretodo, un tipo de mujer que además, por un azar
que no es tal, es un tipo que me es familiar (parental, serie materna; en mi
caso) Tuve éxito con las blancas monas (como yo) pero no me atraen
profundamente. Yo mismo no soy mi tipo, ¿entiende usted? Hablo de manera
general. Usted también, usted sin duda tiene un tipo de mujer que más le atrae.
Le sugiero entonces, si usted quiere aumentar su suerte, intentar con mujeres
que realmente le atraen. Esto es más fácil y absolutamente más agradable.
El deseo viaja, misteriosamente, a la manera de un fluido invisible. Él influencia
a las mujeres de una sutil manera, a otro nivel que el estrictamente físico. Sabe
usted ¿cuál es la mejor forma de aumentar su deseo? La castidad. Le
sorprenderá quizá que yo hable de castidad en un libro consagrado al arte de
seducir. Pero usted lo comprenderá. Si usted es muy desesperado, si busca
una mujer con la que continuar sus días, no tenga práctica alguna auto erótica,
ni vaya donde las niñas alegres. Conténgase.
La potencia de su deseo irradiará todo su cuerpo y ejercerá una influencia
oculta, de hecho, sobre las mujeres, pues ésta juega a un nivel etérico. Ésta le
conferirá un encanto nuevo, y probablemente un estado de exaltación que lo
tornará muy seductor. La castidad confiere a los ojos, una luminosidad
particular. Ahora bien, la mirada tiene mucho que ver en la seducción. Haga el
ensayo. La fuerza de su deseo domina y le dará audacia cerca de las mujeres.
Haga el ensayo. Otra forma de aumentar su vitalidad sexual y su encanto es
comer muy frugalmente. Haga el ejercicio por algunos días, y sobretodo sea
casto. Es la mejor forma de encontrar lo que usted desea.