Qué les gusta, de un hombre, a las mujeres

A este punto quería llegar, seguro lo habían ya adivinado.  Muchos hombres
temen abordar a las mujeres porque no se sienten suficientemente bellos. Esto
es muy triste. Pues felizmente, para nosotros los hombres, las mujeres son
mucho menos superficiales que nosotros.  Los hombres, generalmente, son
atraídos por la apariencia física, la belleza del rostro, los senos, las piernas. Se
realizó, en Estados Unidos, en cerca de tres mil mujeres, una encuesta.  La
pregunta fue la siguiente:  “¿Qué es lo que más le atrae, inicialmente, de un
hombre que la aborda?”
 
Por sorprendente que pueda parecer, la mayoría respondió: la personalidad.
En segundo lugar nombraron, los ojos, la silueta.
Luego, más sorprendente aún (pero en el fondo no tanto, si uno admite que las
mujeres piensan en el sexo, tanto como los hombres), las nalgas.
 
La gran mayoría no mencionó que el hombre debiera medir un metro ochenta y
cinco, tener grandes ojos azules, ser un atleta consumado y manejar un jaguar,
ni viajar constantemente alrededor del mundo por tener un puesto de presidente
en una multinacional. Esto, convendrán ustedes es una innegable ventaja.
  
Los hombres deberían dejar de acomplejarse y de temer abordar a las mujeres,
porque, por ejemplo, tengan la nariz un poco larga, o torcida, porque no se
crean suficientemente grandes, o porque su piel no sea perfecta, o por el
comienzo de una calvicie.
 
Lo que les gusta, de un hombre, a las mujeres, es el conjunto de su
personalidad, su manera de moverse, hablar, eso indefinido que se llama el
encanto. Uno, generalmente, cree que el encanto es algo natural que uno
obtiene de nacimiento, en mayor o menor dosis. Es verdad que algunos seres
nacen con un encanto natural, extraordinario.
 
Hay ejemplos célebres, pero el más ilustre es sin duda Rodolfo Valentino. Es
preciso recordar que el encanto de ciertas vedette del cine es en parte
fabricado, cuando no es que totalmente fabricado, y que las mujeres
frecuentemente sucumben sin haber encontrado nunca su ídolo.
 
No obstante una cosa es cierta, contrariamente a lo que uno generalmente
cree, el encanto se adquiere, gracias a técnicas particulares y secretas que les
indicaré en los siguientes capítulos.  Estas técnicas, si ustedes las practican
seriamente al menos a razón de una media hora por día, nos van a conferir una
gracia particular, una especie de aura magnética inquietante que rodea no sólo
a las mujeres sino también igualmente a los hombres. Estas técnicas me fueron transmitidas por mi amigo editor quien las había practicado gracias a lo cual su
vida cambió notablemente. Pero no nos anticipemos, volveré a ellas más tarde.
 
La personalidad, la imagen de conjunto que el hombre proyecta es entonces
más determinante que la belleza plástica para gustar a las mujeres.  Traeré una
pequeña historia de película, para señalar una graciosa anécdota e ilustrar con
ella mi propósito. Al comienzo de su carrera, antes de tornarse célebre, Jean-
Louis Trintignant fue propuesto a Brigitte Bardot para jugar el rol de famoso a su
lado.
 
La primera reacción de la bella estrella, que había comenzado ya a vagar en el
espíritu de los hombres, fue categórica. No se trataba de que ella jugara al lado
de este comediante de nada, que ella encontraba, por demás, abominable, y en
todo caso absolutamente indigno de hacer el rol de famoso, sobretodo a su
lado.  El realizador, no obstante, defiende su punto de vista, e impone a
Trintignant. Contrariada Briggitte Bardot debe trabajar. Pero una sorprendente
metamorfosis se opera. Al cabo de dos semanas, Bardot estaba locamente
enamorada de Trintignant y vivieron una apasionada relación amorosa.
 
¿Qué paso para que tal cambio se produjese? No puedo ver otra cosa que el
efecto del encanto. Es de anotar que Jean-Louis Trintignant conquistó el
corazón de millares de franceses que lo encontraron encantador.
Evidentemente, es de tomar en cuenta aquí, el fenómeno de la celebridad. La
gloria, el poder y la riqueza son poderosos afrodisíacos cerca de las mujeres.
 
Felizmente, ellos no son necesarios para conquistar. Yo soy la prueba viviente.
No tengo atributo alguno, de estos. Y además, hacía dos años, como lo dije
antes, no contaba con éxito con las mujeres. Había, además, muchos hombres
en igual situación.  Y pronto, sin duda alguna, usted aumentará sus records. 
Usted no se tiene sino a usted mismo.
 
Estas anécdotas como la que acabo de narrar, entre Jean-Louis Trintignant y
Brigitte Bardot, pequeñas historias de película, suceden frecuentemente. Jean-
Paul Belmondo estaba en la misma situación que Trintignant en los comienzos
de su carrera. Cuando él empezó, nadie pensó que un día él podría jugar el rol
del célebre.  
 
Muchos buscaron desanimarlo de hacer su carrera en el cine. Era pequeño,
débil para la  época, y hasta feo. No obstante en pocos años se tornó un
verdadero símbolo sexual. Quizá las mujeres no lo encontraron bello, pero en
su lugar, lo admiraron como se dice, a pesar de su cara. Belmondo, fue siempre
optimista, luchador.
 
Y fue también su sonrisa. Y luego, evidentemente un testarudo sin igual. Tenia
siempre la palabra, el buen reparto. Parecía decir: Aquellas que me aman me
siguen. Su fórmula funcionó. Tubo compañías femeninas tan soberbias como
Raquel Welch. Para un joven desgarbado que era muy feo para hacer cine, no
estuvo mal tratado.  ¿Otros ejemplos?  No hay que ir muy lejos.  ¿Sabía usted por ejemplo que
Woody Allen fue considerado en los Estados Unidos como uno de los más
importantes símbolos sexuales? Superó al actor Robert Redford en la
admiración de los americanos.  Y no obstante, si alguien tiene un físico ingrato,
es  él. En términos de belleza clásica, con sus pequeños ojos tristes que no
ocultan su pesadas gafas, su frente divertida, y cu cuerpo flaco, esta lejos de
parecerse a Jean-Louis Trintingnant y a Jean Paul Belmondo. Los dos al menos
tienen estatura deportiva y cierta vitalidad. Woody Allen parece neurasténico y
no oculta estar deprimido la mayor parte del tiempo, consolándose en que es
por eso precisamente que es el más cómico y encuentra por ello sus mejores
repartos.
 
Imagine al menos las posibilidades que esto le deja. Si Woody Allen alcanzó,
sin duda a su pesar, además, tornarse un símbolo sexual, si millares de mujeres
probablemente muy bellas y sexis sueñan tenerlo en sus lechos, entonces no
importa quien puede lograrlo. Evidentemente, me dirá usted,  él es célebre,
millonario, y realizador, lo que le permite hacer esperar a jóvenes estrellas un
rol en sus filmes. No, le digo yo, ese no es el punto. Ninguno de ellos fue
considerado genio. Su humor es irresistible en la pantalla y sin duda también
cerca de las mujeres.  El humor  es, además, una de las cartas de triunfo, más
seguras para seducir a las mujeres. “Si usted logra hacer reír a una mujer, dijo
en esencia Stendhal, la mitad de ella ya está en su lecho”. Él estaba lejos de
ser bello, apenas era pasable. Y fue símbolo sexual.
 
Los cánones de belleza son hoy muy distintos. La belleza clásica, la perfecta
regularidad de los trazos no es un criterio absoluto. He anotado muchos
ejemplos del cine pues es el séptimo arte, y por lo tanto, modelo de valores de
la sociedad. Luego de la nueva oleada de los años sesenta, se ha visto
aparecer todos los días, en la pantalla, rostros en el fondo ordinarios, comunes,
de héroes, que han logrado seducir millones de espectadores. Del lado
masculino, cité Trintignant y Belmondo, Woody Allen. Hay otros en USA, por
ejemplo: Dustin Hoffman, Al Pacino.  ¿Y del lado femenino? Annie Girardot,
Jeanne Moreau, Isabelle Hupert, Fanny Ardant, Liza Minelli, Bárbara Streisand.
La lista podría alargarse casi indefinidamente. Esos rostros son no sólo
comunes, sino que con frecuencia tienen notables defectos que podrían no
agregar mucho al encanto.
 
Hablando de defectos, hay uno que es célebre y que ustedes todos conocen.
La nariz de Cleopatra. Si hubiera sido distinta, dijo Pascal, el curso del mundo
hubiera cambiado. A cambio, incluso si hubiera sido más perfecta, la vida de
Cleopatra no hubiera sido modificada. Contrariamente a lo que se cree
generalmente. Cleopatra era una mujer que no poseía una gran belleza. Su
apariencia no era en sí notable, en todo caso ella no era atractiva, mientras que
muchas de sus contemporáneas fueron más bellas que ella. Pero los
historiadores informan que Cleopatra poseía cualidades que trascendían la
belleza física. El contacto de su presencia, si usted vivía con ella, era
absolutamente irresistible. La atracción que ella ejercía sobre los otros, el
encanto de su conversación, el sonido de su voz y su manera de moverse, eran
fascinantes. Cuantas veces hemos oído decir de tal o cual hombre o de una mujer,  “Él (o
ella) no es especialmente bello (a), pero tiene algo” Ese  “algo”, usted puede
obtenerlo. De hecho, usted ya lo tiene, igual que todos los demás. Está en
usted, más o menos profundamente enterrado. Como un poder oculto que no
se ha manifestado. Sólo usted puede hacerlo emerger y utilizarlo. Veremos
cómo más tarde.
 
Lo que cuenta entonces, más que la belleza plástica, es la impresión total, es lo
que usted desprende y que es tributario de verdadera belleza, la belleza interior.
Usted probablemente no está satisfecho de su belleza física. No se preocupe.
La mayoría de las personas, desafortunadamente, están en su caso. Sin razón.
Usted es único. Usted puede expresar su belleza, que es diferente, sin duda a
los patrones que la sociedad le ha inculcado, pero que no es menos real.
 
Además, la belleza clásica no es necesariamente una ventaja en sí misma. 
Muchas mujeres se esconden de ella.  Algunas pueden admirar a un hombre,
pero la belleza muy perfecta la intimida frecuentemente. Ellas se defienden.
Ellas la asocian con una inevitable frivolidad y prefieren no ligarse con un
hombre que las dejará a la primera ocasión.
 
Piense en esto. Es una ventaja. Este principio tiene, de cierta manera, un
corolario.  Muchos hombres creen que las mujeres bellas son inaccesibles,
sobretodo si ellos no son tan bellos. Y bien, usted se sorprenderá de constatar
hasta que punto la belleza puede ser un impedimento para las mujeres. Les
citaré un caso vivido. Una experiencia personal.
 
Hace un año, retomé cursos de alemán. Hacía mucho tiempo, yo soñaba leer
en el original a ciertos grandes filósofos germanos.   Dicho sea al pasar, seguir
el curso de no importa qué es excelente cuando uno quiere conquistar. Debo
admitir que esta idea no era del todo extraña a mi decisión de seguir tal curso.
Es preciso agregarle lo útil, a lo agradable, ¿no?
 
La primera tarde,  noté a una mujer de una belleza absolutamente
extraordinaria. Largos cabellos negros, ojos marrón casi negros también ellos,
nariz recta y fina, dientes magníficos, verdaderas perlas. En fin, las palabras
son insuficientes.  
 
Lo que me confirma en la idea de que ella era extremadamente bella, y los
convencerá de lo que les cuento, es que yo no era el único en admirarla. De
hecho, pronto me di cuenta que todos los hombres que seguían el curso, la
habían notado y no quitaban sus ojos de ella.  No arriesgué nada en mi primera
tarde. Estaba muy impresionado. Estaba lelo. Ninguno de los otros alumnos,
varones, hacía avances respecto de ella. De hecho, noté, que ningún hombre
osaba hablarle e mucho menos sentarse a su lado.
 
De hecho esta mujer estaba siempre sola. Completamente. Como si nadie la
viera, mientras que no se cesaba de mirarla. No obstante, esta mujer no era altiva, ni  áspera. Parecía simple, y simpática. Dejaba salir incluso leves
sonrisas, casi invitantes, respondiendo a las miradas de sus admiradores.
 
Recordaba los principios que mi amigo que me había enseñado, sobretodo, el
que decía que por definición todas las mujeres son accesibles, incluso las más
bellas, decidí probar mi suerte. Había elaborado mi plan, la semana anterior. Me
senté cerca de ella, y dejé la clase, quince minutos antes de finalizar. De
manera ostentosa. Para que ella notara mi partida. Ahora, tenía un pretexto a
toda prueba. Usted puede utilizar este truco si tiene la buena idea de inscribirse
en el curso de la tarde, para hacer nuevos encuentros.
 
Entrando en el aula, me dirigí hacia esta sublime mujer, y, le expliqué que había
debido salir antes de finalizar la lección anterior, le pedía si el profesor había
dicho alguna cosa importante, y si ella podía pasarme las notas.
 
Ella me acogió con una bella sonrisa, casi como si fuera para ella el príncipe
encantado, o incluso su salvación. Además, pronto comprendí por qué. Ella me
invitó a sentarme y me pasó las notas con un placer real, no disimulado. Estaba
en un estado de agitación extraordinario. Tuve suerte, pues después de la
clase, me pidió que me tomara un café en su casa. 
 
Yo tartamudeaba casi. Yo creía soñar. Solo con dos horas de conocidos esta
soberbia mujer me invitaba a ir a tomar un café con ella. Acepté obviamente.
Más allá de todas mis esperanzas. Una hora más tarde llegaba a su casa con
ella. Estaba en sus brazos y no precisamente para copiar las notas de alemán.
Luego de nuestra entrevista no pude impedirme de preguntarle, yo estaba
totalmente sorprendido de mi buena fortuna: 
-¿Por qué yo?
Ella pareció sorprenderse de mi pregunta. Sin duda había ella notado hasta que
punto era yo un tipo común, hasta que punto era ella superior en belleza.
Estaba tan sorprendido que había olvidado que las mujeres, incluso las más
bellas, no buscaban, necesariamente, la belleza en los hombres. Lo que esta
mujer, de una belleza divina, me reveló, me dejó estupefacto. Me dijo que era el
primer hombre que había osado dirigirle la palabra, desde hacía un año. Yo no
entendía.
-No tengo éxito con los hombres, dijo con tristeza.
-Pero si eres la mujer más bella que he encontrado.
-¿Tú crees?, me preguntó con un escepticismo que no revelaba falsa modestia
alguna. Me di cuenta pronto.
 
Por sorprendente que pueda parecer, esta mujer no mentía. A pesar de su
extraordinaria belleza, no tenía éxito con los hombres. Además, era idiota, no
había visto yo, como todos la admiraban y amaban a distancia, pero ninguno se
le acercaba. Estrictamente hablando, no tenía efectivamente  éxito con los
hombres. Me contó que se había separado hacía un año, que su marido la
había dejado por una mujer común de la cual me mostró su foto. Era una de
sus amigas. Efectivamente, puede juzgar, una mujer común. Ella algo tenía,
dijo, sin duda, al menos a los ojos de su exmarido. Tuve la suerte en esa ocasión de conocer a su marido. Entré casi en choc de la
sorpresa. Su marido era un hombre pequeño, borrachín, casi completamente
calvo. Y había logrado casarse con una belleza, a la que además había dejado.
Disimulé mi sorpresa con razones que sin duda dejaban notar mi poca
maestría. Había no obstante algo de increíble.
 
Es sin fundamento entonces, que las mujeres bellas busquen hombres bellos.
Además, ellas, frecuentemente, prefieren que su belleza sea puesta en
evidencia por un compañero común, menos espectacular. Ellas buscan hacerse
valer. Es un rol que me conviene de maravilla… A ustedes también sin duda.
Pero, entonces, se puede decir que, cuando uno ignora estas cosas, deja pasar
“bellas” ocasiones.
 
No era el final de mis sorpresas. Susana (así se llamaba) me contaba que ella
no se encontraba bella, en todo caso no verdaderamente bella. Ella tenía por
prueba el muy poco éxito que tenía con los hombres.  ¡Qué extraña situación!
Apenas creía lo que mis oídos percibían. Cuando le decía que ella era de una
extraordinaria belleza (cosa que sinceramente creía), ella sonreía maravillada.
Ella me cuenta que fui el primer hombre que le decía tal cosa. Su belleza era
comparable, con Catherine Deneuve. Eso puede darles una pequeña idea.
 
Mi relación con esta mujer, fue desafortunadamente breve. Su marido retornó
con ella un mes después de nuestra primera noche. Su matrimonio había
durado cinco años, y ella aún estaba enamorada de él. Ella decidió retomar su
vida en común con él.
 
Esta pequeña historia es instructiva en más de un punto de vista. La primera
lección que usted debe, de ella, extraer, en mi opinión, es la siguiente.
 
No vacile nunca conocer a una mujer por la simple razón de que ella es bella.
Incluso diría, de cierta manera, es más fácil satisfacer a las mujeres bellas.
Usted dirá que exagero un poco. Pero escuche. Digo esto porque las mujeres
muy bellas le inspirarán quizá mucho más. Si ellas le placen más, ellas lo
entusiasman más, su corazón será más sincero, su deseo estará más vivo.
Ahora bien, el deseo es contagioso y frecuentemente irresistible.
 
Usted debe recordar este otro punto. Muchas mujeres bellas no se encuentran
a sí mismas, sinceramente bellas. Ellas son con frecuencia muy exigentes
consigo mismas. Se encuentran los más mínimos defectos, que exageran
además desmesuradamente. Están inquietas, por la belleza. Tienen necesidad
de hacerse repetir que son bellas. Usted está ahí, para eso. En el futuro, no
debe temer, nunca, abordar a una mujer, porque la juzga muy bella. Recuerde
que la fortuna sonríe a los audaces.
 
Respecto de su apariencia, existe otro punto a recordar. Así mismo como las
mujeres bellas le son más difíciles que las otras. Así mismo, uno se obnubila
por un simple defecto, mientras que a las gentes, cuando nos encuentran, no
ven más que el conjunto, son influenciados por la impresión global. Ven una
persona. Para convencerlo, no piense sino en la manera en la que usted percibe a los otros, sean hombres o sean mujeres.  Usted se dará cuenta que
usted no mira sino el conjunto, la impresión que se desprende de la
personalidad toda. ¿Entonces por qué, la gentes lo trataría de distinta manera a
usted?
 
Incluso si la apariencia es en cierta forma secundaria, ello no significa que por
lo tanto usted deba ser negligente. Hay aspectos de su apariencia en los cuales
usted debe tener un cierto control.  La encuesta realizada en el público
americano dice que las mujeres prefieren a los hombres delgados.
 
Eso no sorprende. Usted también tiene sus preferencias por las mujeres
delgadas, al menos en general. Ser delgado es estar joven. Es una forma de
elegancia que es accesible a casi todo el mundo. En todo caso, un hombre
delgado parece siempre más elegante a los ojos de las mujeres. Si usted tiene
algunos kilos de más, haga la prueba de moderar un poco la mesa y hacer más
ejercicio. Esto mejorará en general, su apariencia. Usted se sentirá más activo,
más enérgico. Será más positivo. Su color pasará de pálido a rosáceo.
 
Sus ojos serán más brillantes. Respirará con más frescura y sentirá más alegría
de vivir. Estar en forma, es estar elegante. Siempre se admira a quien está en
forma. El ejercicio es accesible a todos. No tema darse ese regalo. Y la práctica
del deporte ofrece en general excelentes ocasiones de encontrar gente del otro
sexo.
 
Una  última palabra sobre la alimentación. Recuerdo que los occidentales
comen, en general, mucho. Dos veces más de lo que deberían. Y
desdichadamente, cavamos nuestra sepultura con los dientes. Entonces,
reduzca las cantidades. No sólo será más delgado, y tendrá más suerte con las
mujeres, sino que sentirá una impresión física nueva.  Sobretodo si reduce la
carne. Prefiera más las carnes blancas que las rojas, y conténtese con tres o
cuatro porciones por semana.  Nunca coma dos veces carne en el día. Puede
encontrar proteínas en otros alimentos. Un fin de semana, o un día en el que
sólo consume jugos, tiene un excelente efecto sobre el organismo; tanto en el
nivel físico como en el nervioso.
 
Su primera lección de encanto es la siguiente: coma frutas. Su color se
aclarará, sentirá nueva energía corriendo por su cuerpo, sus ojos se tornarán
luminosos, su pensamiento más vivo. Haga el ensayo. Al cabo de una semana,
sentirá transformación.
 
Evidentemente, recuerde siempre que su alimentación debe ser equilibrada,
incluso ligera. Recuerde que somos lo que comemos. Comer ligeramente lo
hará sentir ligero, se sentirá inundado más frecuentemente de buen humor, y su
encanto sobre su entorno se acrecentará.